dijous, 19 de febrer de 2015

Ciudad/ciudadanía

Como ya se apuntó en clase, asociamos (incluso equiparamos) ciudad a sistema político, a manera de gobernarse, organizarse y tomar decisiones los grupos humanos o sociedades. El equívoco proviene o puede tener que ver en parte de nuestro uso del término ciudadanía. Curiosamente, la ciudadanía para nosotros da derechos y obligaciones y es lo que determina la capacidad plena para poder tomar parte plena y activa en la vida social y política. Para los griegos no era muy diferente, aunque con una distinción significativa: la ciudadanía, el servicio a la comunidad, la participación en la toma de decisiones, incluso la muerte en la guerra en la defensa de lo común, no eran obligaciones, sino privilegios, incluso (o sobre todo) cuando implicaba un esfuerzo económico, físico o un riesgo para la propia vida.

La ciudadanía o la polis pudieron existir sin una ciudad como tal o, al menos, sin que se pueda detectar un núcleo urbano claramente definido que merezca ser llamado ciudad. Es el caso, por ejemplo, de Esparta, la poderosa polis de época clásica, que no tenía un núcleo urbano como tal y que solo en época tardía se dotó de una muralla, elemento clásico de toda ciudad (y polis), no solo por su utilidad defensiva (si, como decía Teognis, los ciudadanos formados como ejército son la muralla de la ciudad, Esparta no la necesitaba) sino porque delimitaba la zona urbana y la separaba de la rural.

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